El silencio de los borregos

El asesinato de un maestro ocupó los titulares durante un breve parpadeo. Tras el mismo, la nada, el vacío, el desprecio. Es un maestro, bah, ¿a quién le importa?

Apenas hubo reacciones de las instituciones, ni un solo gesto del ministerio, ni días de luto oficial, apenas unos minutos de silencio. Silencio a secas, sí, a toneladas.

Un silencio que acompaña la soledad dedicada del profesional docente. Un silencio que adereza con ingratitud un trabajo mal pagado y nada reconocido socialmente. Un silencio insultante, obsceno y reincidente por parte de una sociedad cada día más analfabeta y orgullosa de serlo.